Lionel Messi y Cristiano Ronaldo no solo disputan su sexto Mundial en 2026. También compiten por un título que ningún futbolista en la historia había alcanzado: ser milmillonarios. Según Forbes, el portugués acumula una fortuna cercana a los 1.200 millones de dólares, mientras que el argentino supera los 1.100 millones. Entre los más de 9.500 futbolistas que han participado en Copas del Mundo desde 1930, no existe otro registro de jugadores con semejante patrimonio.
La diferencia entre ambos y las leyendas del pasado trasciende lo deportivo. Messi y Cristiano pertenecen a la primera generación de futbolistas cuya fama global se convirtió en una industria. Aprovecharon la expansión de redes sociales, la globalización de marcas deportivas y el crecimiento comercial del fútbol para transformar sus nombres en activos tan valiosos como su desempeño en la cancha. Pero sus caminos hacia la riqueza fueron opuestos.
Dos estrategias, un mismo resultado
Cristiano llevó la lógica empresarial al extremo. La marca CR7 evolucionó de una celebración de goles a un ecosistema que abarca hoteles, gimnasios, clínicas capilares, indumentaria y fragancias distribuidas en múltiples continentes. Su presencia digital —la más grande entre todos los deportistas del planeta— funciona como plataforma publicitaria permanente. Con 669 millones de seguidores en Instagram, puede cobrar hasta 7 millones de dólares por una sola publicación comercial.
Messi construyó algo distinto: menos visible, menos estridente. Durante gran parte de su carrera evitó la exposición empresarial que abrazó Ronaldo. Mientras proyectaba la imagen de un futbolista concentrado exclusivamente en el juego, desarrolló una estructura de inversiones vinculadas al sector inmobiliario, hotelería y acuerdos comerciales globales. Su llegada al Inter Miami amplió su alcance en el mercado estadounidense. Con 510 millones de seguidores en Instagram, un patrocinio en esa plataforma le genera 5 millones de dólares.
Cuando Forbes confirmó que Ronaldo había superado los mil millones, el portugués lo describió como una meta personal. "Era mi objetivo llegar a ese número. Es como ganar un Balón de Oro", explicó a la revista. La declaración revela algo más profundo que ambición económica: para Cristiano, convertirse en milmillonario fue otra competencia que quería ganar.
Qué significa para el Mundial
Ambos llegan al torneo 2026 no solo como dos de las mayores leyendas del fútbol, sino también como dos de los atletas mejor remunerados del planeta. Cristiano encabeza la lista de deportistas con mayores ingresos anuales con alrededor de 275 millones de dólares, mientras que Messi supera los 130 millones entre salario, premios y acuerdos comerciales. Una parte creciente de esos ingresos ya no proviene del fútbol, sino de contratos publicitarios que se potencian precisamente en eventos globales como la Copa del Mundo. Para Argentina, líder del ranking FIFA, y Portugal, octava potencia mundial, sus capitanes representan no solo liderazgo deportivo, sino también una dimensión económica sin precedentes en la historia del torneo.
Información complementaria de El Comercio - Perú.




