Uno entra a una transmisión de la Selección argentina en Beijing esperando encontrar expatriados. Lo que hay, en cambio, son cientos de chinos con camisetas celestes y blancas, la cara pintada y los cantitos memorizados. Nunca pisaron Argentina, pero conocen la formación de memoria y discuten los cambios de Scaloni como si llevaran años en el Obelisco.
El fenómeno se repite en las juntadas organizadas por la Embajada argentina en la capital china y en los bares que retransmiten los partidos. La diferencia horaria obliga a muchos a ver los encuentros de noche o de madrugada, pero eso no frena a nadie. Aprendieron español, toman mate con yerba importada, conocen la historia de River y Boca y adaptan sus rutinas a un calendario que no fue diseñado para ellos.
Messi, el punto de partida de todo
El capitán argentino aparece como detonante en casi todos los testimonios. Trix, estudiante en la Universidad de Estudios Extranjeros de Beijing, lo resume sin rodeos: Messi fue la primera referencia que tuvo de Argentina y la razón directa por la que se matriculó en español. Álvaro —nombre castellanizado que eligió él mismo, como es costumbre entre los estudiantes chinos de idiomas— va un paso más allá: es fanático de Paulo Dybala, imita su festejo característico y tiene previsto viajar a Argentina por primera vez en agosto.
Entre la multitud destaca Antonio, 21 años, que lleva una camiseta de Racing Club en lugar de la albiceleste. La explicación tiene historia: fue intérprete de un entrenador argentino que trabajó dos años en China, quien le transmitió su pasión por el fútbol local. Su jugador favorito es Lisandro Martínez, en casa toma mate y confiesa que el acento rioplatense le terminó de enamorar del idioma, por encima incluso del castellano peninsular que conoció cuando visitó España.
Cuando llega un gol argentino, el mandarín y el español dejan de existir. Los abrazos entre desconocidos y los saltos son idénticos a ambos lados del mundo. Algunos chinos observan primero la euforia argentina con curiosidad, sacan el móvil para grabarla y acaban siendo parte de ella.
Qué significa para el Mundial
Argentina llega al torneo como número uno del ranking mundial y con Messi apuntando a su sexto Mundial, un hito histórico. La Selección de Scaloni se encuadra en el Grupo J, y el peso global de su figura estelar ya es evidente mucho antes de que arranque la competición: genera comunidades de seguidores en lugares tan improbables como Beijing, a casi 19.000 kilómetros de Buenos Aires.
Ese alcance convierte a Argentina en uno de los activos más atractivos del torneo en términos de audiencia internacional. Para los hinchas chinos que llevan años estudiando español y soñando con visitar el país, el Mundial 2026 no es solo un evento deportivo: es la culminación de una pasión construida partido a partido, de madrugada, al otro lado del planeta.
Información complementaria de Clarin.



