Entre junio y julio de 2026, cuando México fue sede del Mundial, el país registró mil siete homicidios dolosos durante el período de competencia: un promedio de 40 asesinatos diarios. El 6 de julio marcó un hito con apenas 25 muertes, la cifra más baja en al menos ocho años. Aunque el Gobierno federal interpretó estos números como evidencia del éxito de su estrategia de seguridad, especialistas de la Universidad Iberoamericana advierten que la lectura es más compleja.
El Programa de Seguridad Ciudadana de la institución publicó en abril de 2026 un análisis titulado 'Menos homicidios, más preguntas' que cuestiona la conclusión automática de que menos asesinatos equivale a menos violencia. Los investigadores señalan que la reducción de homicidios pudo coexistir con otras expresiones del crimen: extorsiones, desapariciones, cobro de derecho de piso y reclutamiento forzado. Desde esta perspectiva, cuando un grupo criminal consolida el control territorial, los enfrentamientos entre organizaciones rivales disminuyen, pero la victimización no desaparece, solo cambia de forma.
El descenso fue notable en contexto histórico. Entre septiembre de 2024 y febrero de 2026, el promedio diario de homicidios pasó de 86.9 a 48.8 víctimas, una caída cercana al 44% en año y medio. Sin embargo, el estudio rechaza tanto la celebración automática del éxito como la afirmación sin evidencia de manipulación de cifras. En su lugar, propone contrastar distintas hipótesis: cambios en dinámicas del crimen organizado, posibles desplazamientos de violencia hacia otras modalidades delictivas, y la necesidad de analizar homicidios y desapariciones de manera conjunta antes de extraer conclusiones sobre la seguridad general.
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