Kevin Janzen, CEO del Gaming y EdTech AI Studio en Globant, ha trazado una analogía reveladora sobre el próximo Mundial de fútbol. Para el experto tecnológico, el torneo que se disputará en 2026 funcionará como el lanzamiento global de un videojuego de alcance sin precedentes. Esta comparación no es casual: el evento congregará a más de cinco mil millones de personas en algún momento de la competición, consolidándolo como el acontecimiento deportivo más masivo del planeta.
La observación de Janzen trasciende la mera cifra de espectadores. Su análisis profundiza en cómo el fútbol enfrenta un desafío estructural que ha permanecido latente durante años: la incapacidad de mantener el engagement de las audiencias más allá del tiempo reglamentario. Mientras los videojuegos han construido ecosistemas complejos que retienen a los jugadores durante meses o años, el deporte tradicional sigue dependiendo casi exclusivamente del partido en vivo como punto de conexión con sus seguidores.
La deuda histórica del fútbol con sus aficionados
El fútbol ha prosperado durante más de un siglo sobre la base de un modelo simple pero efectivo: noventa minutos de competición que generan pasión, debate y comunidad. Sin embargo, este modelo presenta una limitación fundamental que la industria del entretenimiento digital ha resuelto hace tiempo. Los aficionados modernos no buscan solo ver un partido; esperan experiencias inmersivas, contenido complementario, interactividad y la posibilidad de prolongar su conexión emocional con el evento mucho más allá del pitazo final.
La industria de los videojuegos ha entendido esta realidad mejor que cualquier otro sector. Un lanzamiento importante no es solo el producto en sí, sino un ecosistema completo que incluye comunidades en línea, transmisiones en directo, contenido detrás de cámaras, eventos especiales y actualizaciones continuas. El Mundial 2026, con su formato expandido a 48 selecciones y su alcance global sin precedentes, tiene la oportunidad de replicar este modelo en el deporte. La pregunta es si la industria futbolística está preparada para hacerlo.
El formato 2026: una oportunidad sin precedentes
El próximo Mundial marcará un hito histórico al ser el primero en contar con 48 selecciones en lugar de las 32 tradicionales. Esta expansión no es meramente cuantitativa; representa una transformación cualitativa en cómo se estructura la competición. Con más equipos, más partidos y más historias en paralelo, la cita tendrá una complejidad narrativa que requiere nuevas formas de contar historias y mantener a las audiencias conectadas simultáneamente a múltiples tramas.
La comparación de Janzen con el lanzamiento de un videojuego adquiere mayor relevancia en este contexto. Así como un juego moderno ofrece diferentes modos de juego, personalizaciones y caminos narrativos alternativos, el Mundial 2026 podría explorar formatos de transmisión personalizados, análisis en tiempo real adaptados a preferencias de usuario, estadísticas avanzadas y experiencias de realidad aumentada. La tecnología existe; lo que falta es la voluntad de integrarla en la experiencia futbolística de manera coherente y accesible.
- Transmisiones personalizadas: permitir que cada espectador elija ángulos de cámara, idioma de comentaristas y tipos de análisis según sus preferencias
- Contenido complementario: documentales, perfiles de jugadores, análisis tácticos y detrás de cámaras disponibles en plataformas digitales durante todo el torneo
- Comunidades interactivas: espacios donde los aficionados puedan participar en predicciones, debates en vivo y desafíos relacionados con los partidos
- Experiencias inmersivas: realidad aumentada para ver estadísticas en tiempo real, recreaciones de jugadas y simulaciones tácticas desde casa
- Actualizaciones continuas: contenido nuevo diario que mantenga el interés incluso en días sin partidos, similar a cómo los videojuegos lanzan parches y eventos especiales
La brecha entre expectativa y realidad digital
Existe una paradoja evidente en el ecosistema futbolístico actual. Las federaciones y organizadores invierten recursos masivos en infraestructura física, estadios y logística, pero frecuentemente descuidan la experiencia digital de audiencias que, en muchos casos, superan en número a los espectadores presenciales. Un partido de fase de grupos del Mundial puede tener cien mil personas en el estadio, pero cientos de millones viéndolo desde pantallas en todo el mundo. Sin embargo, la experiencia de estos últimos sigue siendo pasiva y unidireccional.
La observación de Janzen subraya que el deporte tiene una deuda pendiente con sus aficionados digitales. Mientras que los estudios de videojuegos han invertido años en comprender cómo mantener a las comunidades activas y comprometidas, el fútbol aún opera bajo premisas del siglo XX. Esto no significa que deba abandonar su esencia; significa que debe evolucionar para coexistir con las expectativas de una audiencia que ha sido educada por plataformas como Twitch, Discord y redes sociales para esperar interactividad, personalización y comunidad.
Implicaciones para el Mundial 2026 y más allá
El análisis de Janzen no es meramente académico; tiene implicaciones prácticas inmediatas para cómo se planifica y ejecuta el Mundial 2026. Las federaciones participantes, las plataformas de transmisión y los organizadores enfrentan una decisión crucial: replicar el modelo tradicional con más partidos, o reimaginar cómo se consume y experimenta el fútbol en la era digital. La primera opción es segura pero insuficiente; la segunda es arriesgada pero potencialmente transformadora.
Históricamente, los Mundiales han sido eventos que definen generaciones. El de 1986 en México, el de 1994 en Estados Unidos o el de 2010 en Sudáfrica dejaron huellas indelebles en la cultura popular. Sin embargo, esos torneos fueron consumidos principalmente a través de televisión lineal. El de 2026 será el primero donde la mayoría de la audiencia global accederá a través de múltiples plataformas simultáneamente. Esta realidad exige una estrategia integral que vaya más allá de simplemente transmitir partidos.
La comparación con videojuegos también sugiere que el fútbol debe pensar en términos de ciclos de engagement más largos. Un videojuego exitoso mantiene a sus jugadores activos durante años mediante actualizaciones, eventos especiales y comunidades. El Mundial 2026 podría adoptar un enfoque similar: comenzar a construir anticipación meses antes, mantener contenido durante toda la competición y prolongar la narrativa después del torneo. Esto requiere inversión en tecnología, talento creativo y una mentalidad que vea a los aficionados como participantes, no solo como consumidores pasivos.
Información complementaria de Sport.






