Argentina llega a Estados Unidos, México y Canadá como máxima favorita para retener su título mundial, pero enfrenta un torneo de pronóstico complicado donde media docena de selecciones reúnen argumentos para conquistar la corona. El formato inédito—con ocho partidos obligatorios para el campeón—añade incertidumbre a una competición que se perfila como una de las más abiertas de la historia.
La Albiceleste cuenta con ventajas innegables: acaba de revalidar su supremacía en la Copa América hace dos años, también en suelo estadounidense, y mantiene un grupo consolidado bajo la dirección de Lionel Scaloni. La estructura táctica conocida como la Scaloneta ha generado una estabilidad poco común en los últimos años, sin cuestionamientos internos sobre las decisiones técnicas ni sobre el liderazgo de Messi, pese a las dudas sobre su capacidad física en un torneo de exigencia extrema.
El desafío histórico es mayúsculo. Scaloni persigue lo que solo Vittorio Pozzo logró en 1934 y 1938: ganar dos Mundiales consecutivos. Desde entonces, ninguna selección ha repetido título. Messi buscaría igualar el precedente de Brasil en 1958 y 1962, cuando Pelé llevaba la batuta.
Los principales perseguidores
España emerge como la principal amenaza. Campeona de Europa y con una clasificación impecable, la Roja cuenta con Lamine Yamal en su momento de asalto definitivo al estrellato. La cancelación de la Finalíssima impidió un enfrentamiento previo entre ambas potencias, pero un tropiezo en la fase de grupos podría enfrentarlas prematuramente en dieciseisavos.
Francia llega como finalista de las dos últimas ediciones. Kylian Mbappé encabeza un elenco que incluye al último Balón de Oro Ousmane Dembélé, Desiré Doué, Michael Olise y Bradley Barcola. Es la despedida de Didier Deschamps, quien probablemente será reemplazado por Zinedine Zidane tras el torneo.
Portugal ha encontrado una fórmula ganadora con Roberto Martínez en el banquillo. El equipo luso combina el prestigio del técnico belga con el hambre de gloria de Cristiano Ronaldo y la calidad de jugadores como Nuno Mendes, João Neves, Vitinha y Gonçalo Ramos, reforzados por el buen momento de João Cancelo y Gonçalo Guedes.
Inglaterra recurre al prestigio de Thomas Tuchel para romper una sequía que se remonta a 1966. El técnico alemán llegó con credenciales sólidas: ocho victorias sin encajar goles en la fase de clasificación. Su carácter fuerte lo llevó a tomar decisiones controvertidas, dejando fuera a Trent Alexander-Arnold, Harry Maguire, Phil Foden y Cole Palmer.
Brasil confía en Carlo Ancelotti para buscar su sexto título mundial. El italiano, ganador de ligas en cinco países y tres Champions, afronta su mayor reto con una Canarinha que cerró quinta en las eliminatorias—su peor clasificación histórica—con seis derrotas.
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