El límite salarial de LaLiga protege al fútbol español de sus peores impulsos, pero tiene un coste real en el mercado de fichajes. Esa es, en síntesis, la lectura de Guillem Navarro, asociado de RocaJunyent y especialista en derecho deportivo, quien sostiene que ambas realidades no se contradicen: son las dos caras de un mismo modelo.
"El modelo es clave para la sostenibilidad a largo plazo del fútbol español, pero también limita la capacidad competitiva de los clubes respecto a otras grandes ligas", señala Navarro. Para el jurista, la gran virtud del sistema español es su carácter preventivo: actúa antes de que los problemas ocurran, a diferencia del modelo británico tradicional, que medía las pérdidas acumuladas a lo largo de tres temporadas y solo intervenía después del daño.
El experto recuerda que hace apenas una década no eran raros en España los impagos a futbolistas, las deudas con Hacienda o los concursos de acreedores. Cita los casos del Málaga y el Racing de Santander como ejemplos de proyectos que vivieron etapas de inversión intensa antes de colapsar deportiva y económicamente. El control financiero de LaLiga existe, en buena medida, para que esos escenarios no se repitan.
El problema aparece en Europa
El sistema funciona razonablemente bien en la competición doméstica, pero muestra sus limitaciones cuando los clubes españoles deben competir en el mercado internacional. Según Navarro, las restricciones dificultan retener talento e igualar operaciones que en otras ligas son viables: "La formación de plantillas bajo estos criterios imposibilita competir no solo con la Premier League, sino también con otras grandes ligas europeas e incluso con algunos campeonatos no europeos que ofrecen mucha más flexibilidad".
Esa brecha también afecta al perfil de inversor que llega al fútbol español. Para un fondo internacional acostumbrado a transformar clubes mediante inyecciones masivas de capital, el modelo español impone límites claros sobre cuánto puede destinarse a la plantilla. En otras ligas, apunta Navarro, es posible convertir en pocos años un club modesto en aspirante habitual a la Champions. Aunque advierte que esa permisividad también ha generado proyectos que se derrumbaron cuando desapareció la financiación.
Hay, sin embargo, una vía de crecimiento que el sistema no restringe: la inversión en infraestructura. Estadios, ciudades deportivas e instalaciones no computan dentro del límite salarial y, además, generan ingresos que a largo plazo elevan la propia capacidad de gasto de los clubes. Es el camino que el modelo español deja abierto para crecer sin saltarse las reglas.
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