Jordania disputará en junio el primer Mundial de su historia. La clasificación quedó sellada tras vencer a Irak por 2-1 en Ammán, un resultado que desató una celebración nacional sin precedentes y que pone fin a más de cuatro décadas intentando llegar a la cita futbolística más importante del planeta. La afición tomó las calles de la capital durante toda la madrugada, con caravanas de coches, banderas y un ambiente que recordó al de pequeñas naciones que han debutado en torneos internacionales.
La hazaña tiene un componente simbólico que va más allá del puro resultado deportivo. Jordania, una nación de 11 millones de habitantes ubicada en el corazón de Oriente Medio, llega al Mundial 2026 representando a una región históricamente postergada en el fútbol mundial y al mismo tiempo confirmando un cambio profundo en la geopolítica deportiva del balompié árabe, que en los últimos años ha invertido recursos sustanciales en infraestructura, formación y profesionalización.
Un proyecto de 24 años con paciencia y método
El programa de desarrollo arrancó en 2002 con la creación de la academia Shabab Al-Ordon, una iniciativa impulsada directamente por la Casa Real que buscaba dotar al país de una cantera estable y formadora. Veinticuatro años después, el trabajo está dando sus frutos: ocho jugadores del actual once titular son egresados directos del programa, lo que demuestra que la apuesta por la base ha sido la decisión correcta y que la federación supo resistir la tentación del cortoplacismo.
El seleccionador Hussein Ammouta ha construido un equipo joven —con una media de 24,3 años— y con identidad clara: bloque medio, salida desde atrás y transiciones rápidas para aprovechar la velocidad de sus extremos. El esquema 4-2-3-1 que utiliza con regularidad permite tanto cerrar el centro del campo ante rivales superiores como liberar a sus dos referencias ofensivas. Ammouta, marroquí de nacimiento y con paso por equipos del Magreb, conoce a fondo el fútbol árabe y aporta a la selección una organización táctica que rara vez se había visto en Jordania.
Las estrellas que llevan al equipo al Mundial
- Mousa Al-Tamari (Montpellier) — extremo izquierdo, capitán y goleador. Lleva años jugando en Europa y aporta el desborde y la pegada que el equipo necesita en zonas decisivas.
- Yazan Al-Naimat (Al-Ahli) — '9' móvil con 14 goles en clasificación. Es el máximo artillero histórico de la selección y la principal amenaza dentro del área.
- Noor Al-Rawabdeh (Al-Faisaly) — mediocentro creativo y motor del juego. Encargado de conectar líneas y ralentizar el juego cuando hace falta.
- Yazan Al-Arab (Al-Wehdat) — central de futuro, ya en órbita europea. Lectura defensiva precoz y proyección con balón. Varios clubes europeos siguen su evolución.
- Anas Bani Yaseen (Al-Wehdat) — pareja en el eje de la defensa. La experiencia que necesita la zaga en partidos de máxima exigencia.
El grupo F: España, Marruecos y Costa Rica
El sorteo emparejó a Jordania con España, Marruecos y Costa Rica en el grupo F. La realidad es que la lógica del fútbol coloca a Jordania como cuarta cabeza del grupo, pero el cuerpo técnico no se da por vencido y maneja un objetivo realista pero ambicioso: cualquier resultado positivo será histórico, y el plan interno apunta a competir hasta el último minuto en cada partido para colarse entre los terceros mejor clasificados, una posibilidad real con el formato ampliado a 48 selecciones que abre la puerta a 8 plazas para terceros.
El debut será frente a España el 14 de junio en el SoFi Stadium de Los Ángeles, un escenario inédito para los jordanos. El segundo encuentro contra Marruecos —al que ven como rival decisivo para sus aspiraciones— se disputará en el AT&T Stadium de Dallas, y el cierre ante Costa Rica tendrá lugar en el Estadio Akron de Guadalajara. La logística del viaje es uno de los desafíos: tres ciudades, dos países distintos, una variabilidad climática enorme entre la costa californiana y el centro de México.
No vamos solo a participar. Vamos a representar a 11 millones de jordanos y a recordar al mundo que el fútbol árabe ya juega en otra liga.
— Hussein Ammouta, seleccionador de Jordania
Las palabras del seleccionador resumen el espíritu con el que la selección llega a Norteamérica. Más allá del resultado deportivo, el solo hecho de estar en el Mundial implica un salto institucional para la federación jordana, que tendrá que gestionar derechos televisivos, patrocinios, logística internacional y atención mediática a niveles nunca antes vistos en su historia. Un éxito en cualquiera de esos planos será un triunfo a futuro, independientemente del marcador en los partidos.






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